Una contradicción

Nombra un lugar famoso o una ciudad que esté cerca de tu casa y que todavía no hayas visitado.

Soy una contradicción, pero no sé si me invalido. Soy un sí ahora mismo y un no, poco después. Quiero comer, no tengo hambre; dormir, cuando mejor está una serie; perder el tiempo, ahora, que no tengo. Soy una contradicción adrede, unas veces, y otras circunstancial de tiempo, modo y de actitud ¿o es por contradecirte? Como viajar. No viajo nunca porque miento diciendo que ando justo de peculio, o solo un poco; pero esa mentira oculta otra verdad, que es la pereza aquello que me adhiere al sofá ¡qué cosas, por ello, llego a perderme! ¿Y cuando me obligan a viajar?, porque me obligan, todo sea dicho, reniego, blasfemo y vitupero hasta agarrar esa circunferencia y escuchar el ronroneo del motor. Y entonces solo pienso en viajar más a menudo, hasta que vuelvo a recordar el tono deplorable de mi cuenta y pienso que estaría muy bien aquello de viajar y conocer lo que jamás he visitado, sentado en mi sofá.

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Divago

Enumera cinco cosas que haces para divertirte.

Pienso en ello constantemente, o quizá no tanto y es solo alguna vez, de vez en cuando y por eso no recuerdo con qué me divertía yo, si es que alguna vez me divertí, aunque sí sé con qué no, cuando niño, porque después se iba haciendo confuso todo, un infierno, a veces (dicen que exagero mucho). Sí, lo decían, cuántos problemas los míos, y yo sin recordar con qué me divertía, si es que fui niño, acordes cuerpo y alma, y no el alma de un infame gruñón (que cara de ello tengo ahora) en algo diminuto. Me río porque me imagino mi alma, de un Benjamín Burton, en un pequeño y frágil cuerpo de niño. Mi alma rejuveneciendo mientras envejece mi cuerpo, quizá sea así y no recuerde, no sepa, que es divertirse, o con qué, aunque me ría hasta llorar y grite y hable solo…

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Las letras de tu nombre

Escribe sobre tu nombre: su significado, importancia, etimología, etc.

Pendiente de las cosas a su alrededor que apenas si le importan, escucha atento y sin querer unas explicaciones que alguien da en un grupo de personas, sentadas a su derecha, sobre el significado, origen y no sabe qué posibles cosas más, de sus nombres, de forma gratuita. Al terminar con uno de ellos, quien busca la atención calla y espera la primera reacción. Se miran los demás sin saber qué hacer hasta que uno suelta una exclamación; otro unas risas; aquel que no para de moverse, burlas, porque no toma en serio nada y menos si se creen que pueda ejercer el nombre alguna influencia en alguien. Quién los escucha sonríe pensando en el suyo, y reconoce absurdo el reproche a sus padres en la elección de su nombre. Se levantó y dirigió hacia ellos presentándose con una pregunta muy simple, si soy resplandeciente, dorado ¿quién soy? Tuve que huir de allí, literalmente…

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