Mi primera vez

Cuando llegué le vi apoyado en la barra observando la, o esperando que, o cansado de, hasta que oí su voz en otra parte. Me giré. ¡No puede ser! Le vi salir del fondo del local, escondido quizá, porque alguien, un chivatazo, le alertó de mi llegada o… o solo salía del baño dirigiéndose a una mesa donde unos conocidos le esperaban para saludar. Con cierto aturdimiento me precipité no sin disimulo hacia el lugar más solitario de la barra, y en penumbra. Perdí mi temple, mi entereza y mi arma; era mi primera vez. Debí abortar aquella operación, hasta que vi llegar un mozo ofreciendo a voz en grito armas blancas, nuevas y de segunda mano; pistolas y revólveres; chicles sin usar y otros atrezos para animar la noche antes de la redada programada para esta madrugada. Saqué mi visa, pero no pudo ser por mala cobertura y no sé qué del fisco. Busqué efectivo y con lo que me pagan tuve para un revolver de balines, sin balines, poco efectivo, me dije, para alcanzar la morgue, tal vez el sanatorio o las urgencias de hospital. No supe si con la culata y cierta persistencia…

Imagen tomada de Pinterest
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