Pasto de las llamas

Hoy no he dejado nada escrito para mañana, ni una palabra, ni un esbozo, nada, y es casi medianoche, y llega el sueño poco a poco, esa marea que cierra mis ojos y nubla mi mente mientras sigo sentado aún en una habitación a oscuras donde un lámpara minúscula mantiene a salvo un folio en blanco, de las sombras, también de mis palabras. Hoy no he dejado nada escrito y, sin embargo, escribo en ese folio en blanco hambriento de palabras hoy, y mañana, pasto de las llamas.

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Las letras de tu nombre

Escribe sobre tu nombre: su significado, importancia, etimología, etc.

Pendiente de las cosas a su alrededor que apenas si le importan, escucha atento y sin querer unas explicaciones que alguien da en un grupo de personas, sentadas a su derecha, sobre el significado, origen y no sabe qué posibles cosas más, de sus nombres, de forma gratuita. Al terminar con uno de ellos, quien busca la atención calla y espera la primera reacción. Se miran los demás sin saber qué hacer hasta que uno suelta una exclamación; otro unas risas; aquel que no para de moverse, burlas, porque no toma en serio nada y menos si se creen que pueda ejercer el nombre alguna influencia en alguien. Quién los escucha sonríe pensando en el suyo, y reconoce absurdo el reproche a sus padres en la elección de su nombre. Se levantó y dirigió hacia ellos presentándose con una pregunta muy simple, si soy resplandeciente, dorado ¿quién soy? Tuve que huir de allí, literalmente…

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Juegos de mesa

Nadie de los de aquella casa, un numeroso grupo de amigos, imaginó tan inesperado y violento cambio del tiempo, pocos minutos antes de salir al campo. Que se truncase esa escapada, acordada desde hacía ya dos semanas, no fue aceptada hasta pasado un tiempo y su sorpresa, y con resignación mal contenida por casi todos, mostrando su fastidio. Solo unos pocos, con caras de póker, se alegraron, no era posible tanta solidaridad. Uno de esos aliviados falsos jugadores era el dueño de esa enorme, antigua y con dos plantas, casa, con recursos conocidos, y suficientes, por sus más cercanos confidentes como para alojarlos en sus habitaciones, entretenerlos, o pecar según sus debilidades. Una de estas personas, Eva, quiso evitar que la tormenta les llegase dentro pidiendo ayuda para la cocina, el día podría ser largo y vendría bien que alguien preparase la comida, juntándose al fin, alguno con idea de tomarse un aperitivo con una cerveza, cinco personas. Les observó y al ver lo bien que se desenvolvían regresó a la sala principal a rescatar a alguno más del tedio y fue al oírle decir juegos de mesa cuando al instante, de pie y dispuestos, otro pequeño grupo se dirigió tras Eva hacia una sala donde hasta una mesa de billar se disputaron. Satisfecha por unas dificultades derrotadas no le quedaba más que un grupo reducido que seguían ya al dueño de la casa a su refugio, una pequeña sala de cine donde solo les costó unos minutos elegir qué ver. Todos estaban ocupados, todos absortos en algo hasta que el hambre, la curiosidad o lo prohibido obligan movimientos.

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