Pelea de gatos

A primera hora de la mañana, un hombre abre la puerta de una nave y entra dudando si esperar en su oficina. Se sorprende del tiempo que ha pasado contemplando, a través del enorme ventanal, el mar, al mirar sobresaltado detrás de sí por la ruidosa actividad de numerosos gatos, los actuales inquilinos, y su reloj. Es en el fondo igual, se dice, que en sus comienzos; mientras trata de localizar la zona, el barrio, la voz que oía, de quien es hoy su mujer, desde que al fondo de una oscuridad un puñetazo certero, y último, le enviara. Un verano menos caluroso, sí. Era una situación peor, nadie te echaba un guante; nadie daba un duro por nadie; nadie creía que podrías ganarte la vida de un modo honrado. No les faltó razón y esperó paciente el reclamo de antiguas deudas; pagaría hasta la última gota. Al llegar la noche, sentado en su antiguo sillón, oyó llegar los coches de quienes entrarían buscando un lugar, un control de aquel enorme espacio, dejando el centro de la nave libre para su jefe y sus hombres de confianza. Le llamaron cuando ya iba bajando silencioso, aún a oscuras, a su pasado.

Imagen tomada de Pinterest

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