Eso que daban por la tele

A esas horas, en la cocina, se nos iba la atención en las novelas que ponían en la tele. Toda la casa permanecía en silencio hasta que alguien, solía ser siempre la misma persona, encendía un televisor nada más llegar la hora de comer, olvidando así, tal vez por temor, el silencio, la conversación, nuestros pensamientos. Si acertaban con la novela, y los anuncios, nos dejábamos llevar compartiendo emociones, riesgos, bromeando siempre puesta nuestra atención en las novelas, después de terminar con el silencio. Momentos antes se hacía la comida, se ponía la mesa, atentos siempre al televisor y llegaban, iban llegando, según se oían nombrar, según sus ganas, según decidían si dejar o no a medias, y cuándo, aquello que hasta ese momento les mantenía ocupados, entretenidos, pero llegaban, iban llegando hasta que, sentados cada cuál en su sitio, manteníamos, hasta embocar la primera cucharada, el estado en el que se nos fue requiriendo para sentarnos a comer siendo, la transición, breve, sin sobresaltos, apagando algún móvil, cerrando un libro porque el televisor, el plato caliente, la reunión a esas horas en la cocina con unas palabras previas a nuestro silencio y nuestra atención puestas en eso que daban a esas horas, por la tele. Eran tan parecidos y tan distintos esos momentos en la cocina. Terminábamos todos a la vez, habitualmente, entonces permanecíamos juntos y atentos al desarrollo de la novela, callados, salvo que algo nos sorprendiera y se nos escuchara algún comentario o deseábamos intervenir y levantándonos recogíamos la mesa, como un buen modo de ayudar, siempre atentos, en la novela, donde ganábamos, a veces, a esas horas cuando se nos iba la atención…

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