Actividad vital

Escribir, como ejercicio, actividad vital, modo de vida. Escribo y me quedo siempre en la primera frase, sin historia. Jamás encuentro una que me obligue a extenderme, ya me defiendo en las distancias cortas, ya vivo ahí desde hace tiempo, quizá, por eso de la concisión, a mí, que gusto de lo interminable y soy incapaz de, a una línea, unirle un párrafo y, a este, una página y un capítulo y una o dos partes, o tres, y concluir con unas trescientas, cuatrocientas páginas de las que pueda sentirme satisfecho sin más pretensiones, me digo, me miento, y darles fin un año y al siguiente comenzar con otra línea a la que unirle un párrafo y así, escribiendo, entre tanto, cuentos cortos con los que sobrevivir.

A veces sé lo que hace falta, pero otras. No es difícil escribir, lo sé, pero ¿por qué me cuesta tanto?, tal vez por mi resistencia a ese esfuerzo, a mi miedo cuando me doy cuenta de mi falta de base. Me pasa lo mismo al hablar, aunque por otra razón. Ya casi no hablo con nadie salvo lo que requiere mi trabajo, fuera de él mis días son tranquilos, silenciosos, mudos.

No lo soportaba, aquello, hablar con tanto extraño, ponerles buena cara, ser amable, correcto, atento, pero me habitué, aprendí y me sirvió para que fuera llevadero, todo, y no pensara colgarme. Pero escribir. Siempre he pensado que era fácil hasta que sentí dolor, ya no eran palabras, eran espinas, dardos que me devolvían a ese principio de mi aprendizaje con aquellas gentes. Igual me ha sucedido con lo que me callo, que es casi todo lo demás. Pensar colgarme era una forma de alejarme de todo eso, de callarlo, de alejarlo, pero, lo admito, me gusta vivir, me gusta la vida, aunque puede que ya sea incapaz de relacionarme sin los muros que construyo, sin esa invisible barrera, como hube deseado. Por esto me aparto de todos, los alejo, aunque sigo pensando en la escritura y en por qué me es tan esquiva, difícil.

Vivo tranquilo desde hace años pasando largas temporadas en casa, solo y apartado, escribiendo algún relato breve, algunas líneas sueltas que ordeno, a veces, cuando saco libros, papeles, películas o discos de música de cajas que almaceno, aún, en el piso de arriba desde mi última mudanza, hará tres años ya.

Photo by Suzy Hazelwood on Pexels.com

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