En letras verdes (II)

… ¿qué haces sentado en la escalera?, le preguntó ella, te pedí que entraras, encontrarás tus cosas en el cuarto del fondo pero, pasa, por favor, hablemos, hace ya meses que… no oyó más, ya se encontraba dentro intentando avanzar por un pasillo lleno de agitación, alcohol y gritos, solo quería acabar y supo lo que necesitaba conocer, la ubicación de sus cosas, acabar, solo eso, y salir indemne de allí. Avanzaba con lentitud, como si le retuviesen, como si enfangado el suelo le costara caminar, como si aquel otrora conocido lugar hubiera cambiado o aquella frondosidad humana reordenara pasillos y habitaciones dirigiendo mis pasos, mi camino, para encontrarme con ella de nuevo, tan ocupada con sus amigos, sus invitados, sus intereses, pensaba él, con malquerencia. La paciencia se le agotaba y alguien tropezó con él. Cayeron, callaron, paralizados sin fundido a negro, silencio absoluto, un instante, roto de nuevo por la música, los gritos y con dificultad se levantaba rechazando ayudas, disculpas, entrando en un cuarto que abrió al caer cerrando tras de sí. Busco un interruptor y dónde descansar. Y descansó. Con sorpresa, y fastidio por dormirse allí, descubre, despertando al amanecer, que llegó, quizá por un error, o una feliz coincidencia, a su Ítaca. Pasada cierta estupefacción, tensión y aturdimiento creyó que un buen café, ahora y poniéndose en pie, se dirige a la puerta que abre con precaución, silencio, continuando despacio en dirección a la cocina sin llegar a ver un alma, sorprendido, asustado, sobrecogido quizá, pues ya no vivía en ese piso y se sentía un intruso. Llamó y no obtuvo respuesta. Quizá se fueron de esta a otra fiesta sin reparar en mí, pensaba, endulzando su café y encendiendo su teléfono. Buscó un número que no encontró en los contactos y recordó que se lo anotaron en un trozo de papel olvidándose guardarlo. Sacó sus llaves y entre pedazos doblados de papel, tickets de compra, de aparcamiento, de… ¡espera!, ¿esto qué es? Escrito en letras verdes, una desconocida le mostró su verdadera Ítaca.

Imagen tomada de Pinterest

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