Malentendidos

Subió las escaleras, casi al final del día, como ya las subiera al regresar a casa hace algún tiempo y ya supiera, o no faltase mucho para conocer, por cambios sutiles, silencios prolongados o una pequeña y pertinaz, que siempre estuvo ahí como la advertencia de un giro o cambio posibles que se asimila u olvida o acepta, cisura que crecía alimentada por malentendidos, continuas discusiones y consuelos en brazos equivocados. Subió callado, circunspecto y con ganas de volver por donde vino cargando con su parte de culpa y algunas pertenencias olvidadas.

Imagen tomada de Pinterest

Capricho

Luce el sol con fuerza, es junio y hace calor y llueve ahora de un modo intermitente y débil con rachas de viento que me alivian algo de este bochorno mientras camino y me refresca hasta aquietarse todo, un momento, salvo la vida, tan inquieta, para quizá regresar más tarde, muy poco más, el calor y las rachas de viento cortas, furiosas, y la lluvia.

Todo interviene de un modo intenso a veces, violento y breve, como si un juego fuera, o una lucha, como si nunca en su ahora sí, ahora no, estuvieran, o marchasen para luego volver, quién sabe cómo, los elementos, más fuertes, plenos, queriéndose acabar o agotarse igual que yo me siento después de un largo viaje planeado para mí y que pedí hacer solo y hoy concluye.

Camino sin prisa y me resguardo si la lluvia, o el calor, a media tarde, hasta mi casa, me empapa o me sofoca, con ganas de escribir una respuesta a una, la última, de tus cartas, una de tantas. Quiero escribirte y convencerte de que vuelvas, si no conmigo, a este lugar que ya conoces. Recuerdas bien mis gustos por las cartas porque sé que las esperas, las conservas y contestas, perdidas horas y energías, y no envías por pura inquietud, cosa que te divierte. Tomas esa correspondencia por capricho y lo comprendo, pero el tiempo es breve y lo prolongo, no puedes evitar mi recaída.

La serie

Su turno termina a las dos. Cinco minutos después llega a su casa. Celebran su premura porque ya está sobre la mesa la comida. Una conversación ligera mientras comen y la televisión no atrapa la atención de nadie. Todo normal o bien o alguna broma o chiste o contratiempo en el trabajo que se olvida cuando él se levanta a por el pan o siente que ¿por qué no, después de tanto tiempo?, una copita de vino y de nuevo alguna broma o el silencio o la televisión con que llegaron, con las noticias, a los postres y la serie, novela le corrigen, la película, dice, mirando de soslayo, y novela le vuelven a decir y añaden un agudo puntapié, risas, una mueca, burlas y el silencio porque algo, en ese instante crucial, ese momento, la música delata y todo queda en nada, al fin.

Desconocidos

Me describía siempre de un modo vago, inexacto. Llegué a creer incluso que no era yo, que no hablaba de mí o que alguna vez, si algo supo, en algún momento, quisiera otra cosa que alguien, previamente, quiso, o tal vez desease a otra persona u otra relación o quizá ninguna porque no pudo, porque ya existió, existía una, invisible, poderosa, de la que nadie jamás le oyó decir una palaba, otra que le impedía aceptarse ya y aceptar cualquier otra relación, otra, que acabaría con él.

Foto de Andrea Torres Balaguer tomada de Pinterest