Cuando apagué la luz

Pensaba, creí que, al ver la hora, hoy no te escribiría, es ya muy tarde, muy tarde y muy pronto y no escribí ni una palabra en mi cuaderno, tampoco abrí ninguno de los libros ni leí, anoté o subrayé aquello que me impide continuar porque lo ignoro, me asombra o me sorprende y solo me quedaba tiempo para ver una película porque era el mejor momento, el más apropiado con todo ya en silencio, envuelto en una manta, al calor del hogar. Ya ves, creí que no, pero al final me encuentro aquí sentado, algo después, pensando que serán dos líneas debajo de la fecha que procuro no olvidar y todo con mi horrible, ilegible, caligrafía, que jamás, porque mis nervios, mis urgencias, mis olvidos que estiran poco a poco, devorándose, mis palabras, mis frases que jamás, digo, fueron bellas mis letras, ni de correcta formación. Y así, cuando apagué la luz al salir del baño y no pensé escribirte, ya vestido, sintiéndome limpio, evitándome tocar, rozar, cualquier contacto con el mundo, con cuanto me rodea, exageradamente aséptico, pinzando con una mano la ropa que engullirá un cesto, un electrodoméstico, o un corto olvido, una mano, digo, usualmente la izquierda porque suelo, cuando salgo del baño después de ducharme y, apagando la luz, busco en mi armario, en nuestro armario, sobre una estrecha cajonera, en el interior de un bolso, unos auriculares que conecto a un móvil donde escucho y veo sin molestar lo que esa noche elija y pensaba, como dije, que no te escribiría hoy porque no me acordé de ti, porque callaron las palabras y dejaron solo imágenes sin nada que añadir y, también pensaba, mientras quedaba todo atrás y a oscuras, con la cada vez más necesaria y frecuente y agradable sensación de alivio de mis ojos, al cerrarlos en un breve y oportuno descanso, en las sombras y monstruos y gentes ocultas, y en, a veces, Millás y aquél ¿cómo llamarlo ahora aquello, después de tantos años y olvidos, que leí que pretendía un hombre cegado de un modo artificioso, voluntario, usando vendas, un tiempo que ya no recuerdo, para relatar más tarde, en un artículo o cuento o libro esa experiencia? Aunque no es de él de quien te quiero hablar y aunque hace ya muchos, muchos años de esto y aún lo recuerdo, un escritor más joven, ciego por elección durante algunas horas o unos días, yo ahora, hoy, recordando aquello aún no sé por qué, a oscuras, sin emularle, solo apagando la luz, o cerrando mis ojos me siento un poco así, ciego por elección y, a veces, por necesidad de un corto alivio ocular hasta que al fin vuelvo, sin ninguna prisa, a la luz, sin tropezarme, aunque no de un túnel y sí de un breve pasillo que concluye con un habitáculo a ambos lados y la duda de por cual decidiré pasar las últimas horas de esta noche.

3 comentarios sobre “Cuando apagué la luz

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