Recito de memoria

Creo que no me ha oído pues suele recibirme con bromas al llegar a casa o se acerca ruidosamente por el pasillo cuando franqueo la puerta de la entrada, con una deliciosa sonrisa a esperar que la bese, o asoma con una densa vaharada por la puerta del baño y me provoca y me frena y me pide, a la vez, cena para dos lista en diez minutos que es el tiempo que calcula hasta salir y conquistarme encaramándose sobre mí, por eso, por esta ausencia, pongo todo mi cuidado en mi sigilo y voy de un lado a otro de la casa en su busca hasta que alcanzo a ver su torso encamisado, su pelo recogido en un precipitado moño y una luz algo amarilla y poco intensa iluminando un libro que sujeta abierto ante sus ojos elegido de entre tantos otros de esa nuestra pequeña biblioteca. La observo quieto, silencioso, preguntándome dónde se halla en este instante. Pasa las páginas del libro buscando algún fragmento, un subrayado, algún apunte en uno de sus márgenes, el índice, el prólogo, vuelve a mirar el lomo del volumen y lo devuelve a su lugar y toma el que hay al lado y lo abre de igual forma, en alto, frente a sus ojos, buscando que la luz llene la página y ahí, en ese instante lo cierra y recito de memoria, mientras cierra muy despacio el libro, unas palabras de perdón.

1 comentario en “Recito de memoria”

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