Ventanas

Estoy cansado. No puedo dormir. Doy vueltas y vueltas en la cama y necesito levantarme, pero no lo hago, y también dormir, pero no puedo, y me angustio, demasiado ruido en mi cabeza. Quiero silencio, quiero gritar, pero me siento en la cama, todo está a oscuras, no sé qué hacer y vuelvo a tumbarme, estoy cansado, muy cansado. Sin mirar qué hora es me levanto al fin, y harto, de la cama. No doy la luz, no la soportaría. Voy a oscuras al baño y allí enciendo, la necesito, la luz, y verme, y duelen, mis ojos se duelen, pero sigo con esa luz mientras me apoyo en el lavabo, me miro al espejo y no me veo, me mojo la cara y vuelvo a mirarme al espejo, suspiro, me siento muy cansado, mucho, puedo verlo en mi rostro, borrosamente, en mis ojos, que froto tan fuerte como puedo con las palmas de mis manos, ojos agotados, ojos doloridos, ojos ausentes, y vuelvo a suspirar, estiro un poco mi espalda, mi cuello y llego a sentir algo de alivio que busco, igual que una señal o marca o herida, en el reflejo que me devuelve el espejo y que no encuentro. Salgo del baño y voy a la cocina, no sé qué necesito, qué me apetece tomar pues sigue tanto ruido en mi cabeza, tanta desazón y angustia. Miro por la ventana, suelo mirar a través de la ventana, mirar sin ver, sin fijarme en nada, con la mirada perdida, perdiéndome yo también, abandonándome, como dejándome llevar, mecer, como si alguien me llevara, o como si viajara en barco, o en tren, me llevan, me voy, salgo de mí. Me gusta mirar al amparo de la oscuridad y sentirme, ser, por un momento otro, alguien sentado frente al televisor, alguien con cierta edad y su afición por las películas en blanco y negro, buen vino y soledad; alguien que busca mitigar su soledad charlando en redes sociales; alguien sentado a una mesa con un ordenador donde quiere ordenar y dar sentido a una locura, su caos tal vez, de hojas manuscritas; alguien que decidió marcharse porque su vida no, en este instante; alguien que regresó por fin, quizá, quién sabe, si por la derrota o tal vez; alguien al fin y al cabo, alguien muy otro y muy lejano en quien vivirse hasta sentirse y entregarse hasta el vértigo, la muerte, y regresarse indemne a su ventana.

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