Eva

Sólo necesitaba cargar la batería de su móvil, era el pequeño favor. Le mostré dónde enchufar su cargador y, me dijo, apenas tuviera carga suficiente reanudaría su viaje, tomaría café, mientras tanto, y guardaría silencio, añado yo al relato, aunque no demasiado tiempo, ni demasiado quieta estuvo, caminando de un lado al otro como nerviosa quizá, o algo impaciente. Quiso que le acompañara, me negué, correcto, pues era tarde para mí y volví a mis asuntos.

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